Reflexiones sobre la Soledad

El confinamiento generalmente está relacionado con la desgracia, la diferencia negativa o lo atípico, que normalmente no es bien recibido en una vida normal. Se utilizó como herramienta de pago y castigo para todo aquel que cometiera un delito, entrando en reemplazo de otras formas ortodoxas y cavernícolas como lo son la decapitación o el fusilamiento. Actualmente, el confinamiento viene empaquetado en una distinción social y se usa como respuesta a pensar diferente, ser de otro color o pertenecer a una distinta clase socioeconómica. Nuestra sociedad tiende a aislar al pez que no sigue la corriente, expulsarlo del sistema, no dejarlo integrarse a un algoritmo social que, según los mismos integrantes, funciona de manera perfecta y redituable. Es entendible desde cualquier punto de vista, más termina de ser aceptable cuando se llega al punto de ver ese sistema desde afuera.

Ahora, ¿qué sucede con el confinado en contra de su voluntad? Entra en soledad. Este concepto, malinterpretado y distorsionado por la persona normal, también es un sinónimo del infortunio. Si optas por hablar poco, quedarte en casa y no salir a las típicas fiestas o eventos sociales semanales, tener pocos amigos, viajar solo, vivir solo, hablar solo, comer solo y cagar solo, entonces eres un loco, amargado, inadaptado social, descortés, aburrido y demás adjetivos que más de alguno de los que lean estas palabras, los habrá escuchado en su vida. En la mayoría de los casos, la soledad sí tiene efectos devastadores. Pero no por su naturaleza, sino que más bien porque nosotros no sabemos lidiar con ella; sólo asumimos una postura que escuchamos de los demás. En el momento que la entendemos, identificamos sus ventajas y disfrutamos de la soledad, ésta deja de existir automáticamente. Para explicar mejor esto, he de citar a un gran autor, Charles Bukowski:

“Nunca me he sentido solo. He estado solo en un cuarto – Me he querido suicidar. Me he deprimido. Me he sentido terrible – terrible sobre todo – pero nunca he sentido que otra persona podría entrar a dicho cuarto y curar dicha sensación. En otras palabras, la soledad es algo que nunca me ha afectado porque siempre he tenido este deseo vehemente de estar solo. Es estando en una fiesta o en un estadio lleno de gente gritando por algo, que me podría sentir solo. Citaré a Ibsen: “Los hombres más fuertes son los más solitarios”.

Nunca pensé, “Bueno, ahora una rubia hermosa entrará aquí y me la chupará, y me sentiré bien”. No, eso no ayudará. Ustedes conocen a la gente típica, “Wow, es Viernes por la noche, ¿qué vas a hacer? ¿sólo quedarte ahí sentado?” Mmm, sí. Porque no hay nada allá afuera. Sólo estupidez. Gente estúpida mezclándose con gente estúpida. Dejemos que se vuelvan estúpidos entre ellos. Nunca me he visto afectado con la necesidad de salir en la noche. Voy a bares, porque no me quiero esconder en las fábricas. Eso es todo. Perdón a todos, pero nunca me he sentido solo. Me gusta mi forma de ser. Soy la mejor forma de entretenimiento que tengo. ¡Tomemos más vino!”

Bien, pues mi siguiente parada era el confinamiento. Temprano tome una combi saliendo de Playa del Carmen a Cancún; había escuchado que la Isla de Holbox poseía una mística y aislamiento ideal para aquel que buscara un momento de descanso y reflexión. También escuché que una vez que pones un pie ahí, por decisión propia, ya no sales. Llegué a Cancún y sólo me bastaron unos cuantos paisajes a través de la ventana para saber que el movimiento caótico urbano no era bienvenido en mí, al menos no durante las primeras patadas de tan largo viaje. Transbordé en la terminal con destino a Chiquilá, un pequeño poblado portuario (si se le puede llamar ‘portuario’ ya que sólo alberga viajes a Holbox) en la punta alta de la península de Yucatán, a la altura del punto medio entre Cancún y Mérida. Tres horas en bus y media hora en un ferry después, un puñado de mototaxis y extranjeros ofreciéndote volantes de hostales, te dan la bienvenida a una isla de 8 kilómetros de largo por 1.5 de ancho.

Al ver que sólo americanos y europeos robustos y de avanzada edad abordaban los mototaxis, mientras otros mochileros se adentraban a la isla caminando, decidí que lo mejor era usar las piernas para movilizarme y no gastar en algo que realmente no necesitaba. Así que me fui a un pequeño hostal llamado Ida y Vuelta, construido de madera, con un ambiente rústico, natural y agradable… muy agradable. ¿Qué hice en cuanto me instalé? ¿Corrí a ver la puesta de sol, a nadar en aguas turquesas de postales, a recorrer la isla montado en una bicicleta, a probar los deliciosos y baratos camarones que te ofrecen en la mayoría de los puestos de comida, a observar como se juntan familias de pelícanos y gaviotas en el muelle? Nada de eso. No había tiempo de paraíso, puesto que los mosquitos lo habían transformado en un verdadero infierno. Honestamente, nunca había visto mosquitos tan desesperados y hambrientos como los que habitan en Holbox; parecían políticos en campaña presidencial. No habían pasado ni 10 minutos cuando mi brazo derecho nada le envidiaba al cordón volcánico de los Andes, así que tuve que correr a una de las cinco tiendas en toda la isla para comprar un repelente de mosquitos al triple de precio normal, mientras la cajera me decía “Aquí te la metemos por no venir preparado” disfrazado en un “Gracias por su compra”.

La isla es pequeña y dentro de ella me di cuenta, una vez más, que el mundo también lo es. Al siguiente día me desperté temprano para ir al mar (vamos, pocos gozan de nadar en aguas turquesas un martes por la mañana) y cuando pasé por la cocina del hostal vi una cara familiar. – ¿Sol? – ¡Ché Nico, ¿pero qué carajos hacés acá?!

Sol es una argentina, ya ciudadana del mundo, que conocí en Mazunte, meses atrás. Una loca con mucha energía, siempre de buen humor, servicial y siempre activa para todo con una sonrisa. Según lo que me contaba ella, se había aburrido un poco del círculo social que la rodeaba en la costa pacífica, por lo que decidió cambiar de aires unos meses yendo a trabajar a ese hostal en el caribe mexicano, todo gracias a una amiga que ya trabajaba ahí y le hizo el contacto con el dueño. Ahora, la amiga. La conocí horas después conducto de Sol, su nombre era Paola, argentina también, y había vivido en San Cristóbal de las Casas meses antes, igual que yo. Me quedé callado y comencé a pensar, pasaron los minutos y el mundo se volvió más pequeño. Resulta que el día que yo llegué a San Cristóbal de las Casas, le había solicitado a una chica hospedaje por unos días a través de Couchsurfing. Ella aceptó pero por más que recorrí buscando su casa, nunca la encontré. Me quedé sin hospedaje y sin conocerla en persona… hasta ese día. Era la misma Paola.

Este lugar me enamoró y destrozó al mismo tiempo. Holbox vive una realidad distinta al resto de pueblos, ciudades y aldeas en México, todo gracias a su confinamiento. El tener un territorio diminuto, privado de toda conexión terrestre con el resto de la civilización, hace que la soledad experimentada ahí sea lo más parecido al apartado de Bukowski. Los autos y la policía no existen, así como las preocupaciones ridículas que las personas poseen en una vida normal. Ver la vida de la gente, el ambiente y la realidad de una sociedad distinta, me hizo recordar la famosa historia del hombre de negocios y el pescador; para quienes no la hayan leído, ahí les va.

Un hombre de negocios visitaba un pequeño pueblo costero en sus vacaciones buscando pescado fresco para el almuerzo con su esposa. Divisó un pescador que venía llegando con la mercancía recién capturada y fue con él. Al observar que el pescador traía sólo la mitad de su bote con pescados, pero que se vendían en un abrir y cerrar de ojos, el hombre le preguntó al viejo que porqué no se quedaba más tiempo pescando para así conseguir más dinero, a lo que el pescador respondió que no lo necesitaba ya que tenía todo lo suficiente para vivir. Atónito, el hombre lo cuestionó sobre qué hacía el resto de su tiempo libre. El pescador respondió: “Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora, caigo todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida agradable y ocupada”. El hombre, emocionado ante una oportunidad de negocio, le dijo: “Soy graduado de Harvard y podría ayudarte. Deberías gastar más tiempo en la pesca y, con los ingresos, comprar un bote más grande y, con los ingresos del bote más grande, podrías comprar varios botes; eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador y, eventualmente, abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este pueblo e irte a la Capital, donde manejarías tu empresa en expansión”. El pescador, sin sorprenderse, le replicó: “¿Pero cuánto tiempo tardaría todo eso?”. “Entre 15 y 20 años”, respondió el hombre. “¿Y luego qué?”, volvió a cuestionar el costeño. “¡Te volverás rico….tendrás millones!”, asintió este señor, bastante exaltado. “Mmm, millones… ¿y luego?”, dijo el pescador. El hombre cambió la expresión de su cara drásticamente y, después de unos segundos de reflexión, respondió en tono melancólico: “Luego te puedes retirar. Te mudas a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las noches al pueblo donde tomas vino y tocar guitarra con tus amigos”.

Tenía pensado ir un par de días y luego retomar mi camino al sur. Pero terminé quedándome casi 10 días, no por la belleza y calidez del agua, más por las reflexiones que nacían dentro de mí día con día, algo que no habría sucedido en otro lugar. Ahí conocí a David, un suizo que era dueño del hostal donde me hospedaba. Detrás de David, había una historia rica en aventuras y cultura; mismas que te podía contar en italiano, alemán, francés, español e inglés. Un día nos tiramos en las hamacas a conversar de cosas irrelevantes que fueron incrementando la confianza hasta pasar a contar nuestras historias de vida. Después de contarle como era que yo me encontraba ahí, que había tenido que pasar y hacia donde pensaba dirigirme, David me dejó con la boca abierta. El llegó a Holbox hace casi 8 años, producto de una desilusión amorosa y días después de que el huracán “Wilma” devastara Cancún y sus zonas aledañas. Cuando puso un pie en Holbox, ni siquiera lo hizo sobre tierra firme ya que toda la isla contaba con (mínimo) medio metro de agua, además de casas y familias destrozadas. Él, como yo, tiene esa manía de poder distinguir cuncunas, por más feas y simples que sean, porque sabe que algún momento se convertirán en mariposas. Quizás eso fue lo que vio en Holbox cuando sólo vio mierda y tragedia; se quedó, levantó su hostal poco a poco, y ahora vive con su esposa, hijos, tiburones ballenas y el mar, cuya tranquilidad lo convierte en una piscina natural con pescaditos que te masajean los pies a mordidas. Tanto David, como el señor de los tacos de cochinita pibil en la plaza central, como el pescador, no necesitan más para ser felices; para ellos vivir es prioridad, en lugar de sobrevivir como nosotros en la ciudad.

Abandoné Holbox por obligación, más que por deseo propio. Mi cámara fotográfica falleció en un arrebato estúpido de mi parte al meterme al mar con ella en mi bolsillo, sin haberme dado cuenta. Eso, sumado a que mi viaje apenas comenzaba, me obligaron a abandonar dicho paraíso. David, al enterarse que yo trabajaba desde mi computadora, me ofreció un tentador puesto en la recepción del hostal; necesitaba alguien de medio tiempo y que supiera inglés, por lo que no dudó en ofrecerme la vacante, misma que –con el dolor de mi alma– tuve que rechazar. Abandoné Holbox con el lindo recuerdo de haber conocido a Simone, una holandesa que escapó de la rutina en su país, para ser libre por algunos meses en Latinoamérica. Fue mi compañera de charlas, copas, comidas, caminatas y rutas ciclistas durante la mayor parte de la estancia; no oculto que pasó algo más, los lazos afectivos son independientes del tiempo de conocer a una persona, la química nace así conozcas por 15 minutos o 15 meses a una persona. Pero en el viaje no hay espacio para compromisos ni sentimientos, quizás la única desventaja. Prometimos volvernos a ver, en algún punto de Centroamérica; veremos que sucede más al sur. Abandoné Holbox un día después de haberme sentado en la plaza central con mi Quena (flauta andina) al lado de un Americano jubilado que estaba tocando su saxofón, un pescador borracho haciendo percusiones y un australiano que tocaba la guitarra de maravilla, ferviente seguidor de Bob Dylan. Improvisando y ante la mirada de la gente que pasaba caminando por ahí, sacamos sonidos únicos mezclando música andina, caribeña, jazz y blues. La mejor experiencia hasta el momento, algo que nunca olvidaré. Abandoné Holbox con otra visión de la vida, algo que agradezco infinitamente por haber sucedido justo en el inicio de tan larga travesía. No hay vuelta atrás, nunca la ha habido.

Desde la ciudad del “Mágico” González, las pupusas y los microbuses folclóricos, me despido escribiendo, aprendiendo y estirando dólares para invertirlos en viajar, que a la larga es lo único que compramos y nos vuelve más ricos.

desierto atacama

La última carta de Alex/Chris a Ron

Muchos estamos familiarizados con la película Into de Wild inspirada en el libro de Jon Krakauer, protagonizada por Emile Hirsch quien encarna al aventurero, terco e independiente Christopher McCandless, o mejor conocido como Alexander Supertramp. Desde apreciarla como una pieza cinematográfica de calidad, hasta cambiar estilos de vida radicalmente, las percepciones que deja esta película son variadas, mayoritariamente positivas.

Como toda adaptación que se realiza de una obra literaria, hay muchos detalles que quedan en el olvido o se ignoran por decisiones del director, o porque simplemente no son lo suficientemente relevantes para incluirse en una grabación de tiempo limitado. Lo que quiero rescatar en este escrito, es la última carta que Alex le envió a Ron Franz, el anciano que aparece en la última aventura de Chris/Alex antes de partir a Alaska (realmente es su penúltima, ya que después de Salton City, Alex va a trabajar por segunda vez con Wayne Westerberg (Vince Vaughn) en Carthage, Dakota del Sur).

La historia de Ron es bastante triste. Él fue, probablemente, la persona en la que más impacto tuvo la personalidad de Christopher McCandless; lo cambió totalmente a sus 81 años. A continuación les presento esta –muy– reflexiva carta de despedida, después de que Ron le pidiera a Alex adoptarlo como nieto en vísperas del fin de su línea familiar. Al final de la carta, les contaré que sucedió con Ron después de haberla leído.

1ª semana de Abril, 1992 – Carthage, Dakota del Sur.

“Hola Ron, aquí Alex.

He estado trabajando aquí en Carthage, Dakota del Sur, por casi dos semanas. Llegué aquí tres días después de separarnos en Gran Junction, Colorado. Espero que hayas tenido un regreso a Salton City sin muchos problemas. Disfruto mucho trabajar aquí y las cosas van bastante bien. El clima no está tan mal; incluso hay días bastante cálidos. Algunos de los granjeros ya han salido a trabajar en el campo. Supongo que se debe estar poniendo caluroso por allá en el Sur de California en este momento. Me pregunto si has tenido la oportunidad de salir y ver cuantas personas han llegado para el Rainbow del 20 de Marzo. Suena muy divertido, aunque realmente no creo que entiendas muy bien a este tipo de personas.

No estaré mucho tiempo aquí en Dakota del Sur. Mi amigo, Wayne, quiere que me quede trabajando en el Elevador de Granos durante todo Mayo y luego que lo ayude el verano completo, pero mi alma está puesta completamente en mi Odisea de Alaska y espero emprender camino no más tarde que el 15 de Abril. Eso significa que estaré marchándome de aquí dentro de muy poco, así que necesito que me mandes toda la correspondencia que me ha llegado a la dirección que escribo más abajo.

Ron, realmente he disfrutado toda la ayuda que me has dado y los momentos que vivimos juntos. Espero que no te deprimas mucho por nuestra separación. Creo que pasará bastante tiempo antes de que nos volvamos a ver otra vez. Pero suponiendo que termino esta Aventura de Alaska en una pieza, vas a escuchar de mi nuevamente en el futuro. Me gustaría repetirte el consejo que te di antes, el cual es que pienso que realmente deberías hacer un cambio radical en tu estilo de vida y empezar a hacer cosas que no habías pensado hacer antes, o de las cuales tenías muchas dudas de intentarlas. Mucha gente vive en circunstancias infelices y aun así no tienen la iniciativa de cambiar su situación por estar condicionados a una vida de seguridad, conformismo y conservadurismo, cosas que parecieran ser cuerdas pero en realidad no hay nada más dañino para el espíritu aventurero dentro de un hombre que un futuro seguro. El cimiento principal del espíritu viviente de una persona es su pasión por la aventura.

La alegría de vivir viene del encuentro con las nuevas experiencias, y de ahí que no hay mayor alegría que tener un horizonte que varíe constantemente, que para cada día haya un sol nuevo y diferente. Si quieres más de la vida, Ron, debes perder tu inclinación por la seguridad monótona y adoptar un estilo de vida distinto que al principio parecerá loco. Pero una vez que te acostumbres a dicha vida, verás su inmenso significado y su increíble belleza.

Por eso, Ron, en corto, sal de Salton City y comienza un nuevo camino. Te garantizo que estarás muy agradecido de haberlo hecho. Pero temo que ignorarás mi consejo. Tú piensas que soy terco, pero tú eres más terco que yo todavía. Tuviste la enorme oportunidad, en tu regreso después de haberme dejado, de ver uno de los mejores paisajes en la tierra, el Gran Cañón, algo que todo americano debería ver al menos una vez en su vida. Pero por alguna razón incomprensible para mí, no querías nada más que regresar a tu casa lo más rápido posible, a la misma situación que ves cada día, día tras día tras día. Temo que seguirás esta inclinación en el futuro y por ende fracasarás en descubrir todas las cosas maravillosas que Dios ha puesto alrededor de nosotros para ser descubiertas. No te instales ni te sientes en un sólo lugar. Muévete, sé un nómade, convierte cada día en un nuevo horizonte. Todavía vas a vivir mucho tiempo, Ron, y sería una pena que no te dieras la oportunidad de revolucionar tu vida, moviéndote hacia un umbral nuevo de experiencias.

Estás equivocado si piensas que la Alegría proviene sólo o principalmente de las relaciones humanas. Dios lo ha puesto todo alrededor de nosotros. Está en todo y en cualquier cosa que podamos experimentar. Sólo debemos de tener el coraje de voltearnos ante nuestro estilo de vida habitual y comenzar una vida no convencional.

Mi punto es que no me necesitas ni a mí ni a nadie más para adoptar esta nueva luz en tu vida. Simplemente está esperando por ti allá afuera. A la única persona que estás enfrentando es a ti mismo y a tu terquedad de enrolarte en nuevas circunstancias.

Ron, realmente espero que en cuanto puedas te salgas de Salton City, pongas un remolque en la parte trasera de tu camioneta, y empieces a ver algo del excelente trabajo que Dios ha realizado en el Oeste Americano. Verás cosas y conocerás gente de la que hay tanto por aprender. Y debes hacerlo en un estilo económico, sin moteles, cocinando tu propia comida, y como regla general gastar lo menos posible, así lo disfrutarás enormemente. Espero que la próxima vez que te vea, seas un hombre nuevo con un gran historial de nuevas aventuras y experiencias. No dudes ni te permitas hacer excusas. Sólo sal y hazlo. Sólo sal y hazlo. Sólo sal y hazlo. Estarás agradecido, muy agradecido de haberlo hecho.

CUÍDATE RON, ALEX.

Cuatro meses después, Alex falleció en el bus abandonado a 40 kilómetros de un pequeño poblado llamado Healy. Lo que nunca pudo saber Alex fue el impacto que generó esa carta en Ron. Tras haber leído la carta de Alex, el anciano de 81 años le hizo caso y guardó todas sus cosas en la casa, vendió algunas y se fue en un remolque a acampar al mismo sitio donde Alex acampaba en el desierto, antes de conocerse. El viejito acampó ahí durante poco más de 8 meses, esperando impacientemente el día en que Alex apareciera una vez más con su mochila en la espalda, cosa que nunca llegó.

Un par de semanas después de que descubrieran el cuerpo de Alex en Alaska, Jon Krakauer publicó un artículo a nivel nacional en la revista Outsider, donde la historia (muy básica y sin detalles a fondo) de Chris McCandless se dio a conocer. Ron, por estar aislado en el desierto, no se enteró de la noticia a través de la prensa sino que por otros mochileros. Un día, mientras regresaba de hacer compras en Salton City, le dio aventón a dos mochileros en el camino que le recordaron mucho a Alex. En el camino, Ron comenzó a contarles la historia de Alex a los mochileros, quienes lo interrumpieron diciéndole: “¿Usted habla de Alexander Supertramp, verdad señor?”. Ron respondio: “Ah, veo que se toparon con él en el camino”. Los mochileros, sin saber que decir y consternados, sólo atinaron a responder: “Odio tener que decirle ésto señor, pero Alex está muerto. Lo encontraron congelado hace un par de semanas en Alaska”. Ron, devastado con la noticia, interrogó a los mochileros y luego se comunicó con la revista para brindarles información sobre Alex.

Un verdadero final feliz y triste a la vez. Aunque seguramente Ron no fue el único al que las palabras de Alex en esta carta hicieron reflexionar.

ron alex into the wild

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Inicio con turbulencia interna

11.03.2013 – Antigua, Guatemala

Desde que tomé ese vuelo de VivaAerobús “DF-Cancún” a un precio considerablemente amigable de 800 pesos (62 dlls), llevo 45 días en la “soledad” del camino. Después de pagar mi tacañez con turbulencias que no le deseo a nadie, aterricé en el Aeropuerto Internacional de Cancún decepcionado al ver una lluvia torrencial a través de la ventanilla. No había paraíso.

Ni cien pasos había dado tras retirar mi mochila cuando fui víctima de hienas, o también conocidas como personas locales en busca de Rubious con muchou dinerou. Un señor de corbata se acercó a mí y, con un inglés forzado, me dijo: “Hey my friend, Taxi?”. Con resignación, estúpidamente le pagué 300 pesos (23 dlls) a su compañía de transporte sin consultar otras puesto que el mismo susodicho me había asegurado, como si yo fuese su mejor amigo y me estuviese haciendo un favor único, que no había otra forma de abandonar el Aeropuerto con destino a Playa del Carmen a mejor precio. Normalmente no caigo –o trato de no caer– en ese tipo de trampas, pero el cansancio a veces juega un papel más grande. Ya con boleto en mano, salí a abordar el taxi sólo para llevarme la grata sorpresa de que tendría que esperar aproximadamente una hora en lo que el vehículo se llenaba con otros turistas que llevasen mi destino, mientras veía como los mismos Rubious con muchou dinerou abordaban un autobús ADO que les había cobrado 60 pesos (4.5 dlls). Imbécil.

Tim Ferriss, es un autor americano que se ha ganado la vida escribiendo libros de auto-superación con esa receta mágica y autoritaria que los gringos acostumbran a utilizar. Títulos como “Trabaja lo mínimo y viaja lo máximo“, “Ejercítate lo mínimo y obtén el cuerpo perfecto” y “Cocina lo mínimo y conviértete en el Chef ideal” fueron algunos de los conceptos abstractos y extremistas que me llevaron (afortunadamente les encontré una aplicación coherente) a reflexionar y recapacitar de que realmente no importan cuantos años vivamos más como vivamos esos años. Este hombre-experimento, dicho sea de paso, también fue el culpable de mi primera cama.

Ferriss, autor y mentor para este servidor, ocupaba el mismo lugar para Mario. Un departamento de solteros (platos, vasos, cereales, botellas vacías y recipientes con leche por todos lados) era el hogar de Mario, un fotógrafo e instructor de buceo originario de Ciudad Juárez, Chihuahua, que amablemente me hospedó por los primeros días, todo gracias a esa maravilla llamada Couchsurfing.

Ambos Ingenieros y entusiastas de Ferriss en su libro The 4-Hour Workweek, compartíamos la decisión de haber tirado a la basura nuestro título universitario físico-matemático en la búsqueda de un estilo de vida más flexible y satisfactorio. A diferencia de mi obsesión nómada, Mario quiso dedicarse al buceo (su pasión) y buscar lucrar con ello en uno de los lugares más idóneos para hacerlo. Quiero pensar que todo iba por buen camino después de haber escuchado sobre su futuro negocio fotográfico en línea y ver imágenes impresionantes de él con el Tiburón Ballena y el Tiburón Toro (un perrito y un cabrón, respectivamente descritos por Mario), ya que no hablamos mucho de su –y mi– aspecto laboral actual.

Indagamos sí, en como había sido el momento en que él le comentó a familiares y amigos su decisión de cambiar todo, algo similar a salir del clóset (basado en testimonios de amigos gays, que les quede claro). Es una decisión difícil porque son pocos los comentarios positivos (por no decir nulos) que uno recibe cuando no se sigue el camino que todos los demás siguen. Para seguir, hay que hacer de oídos sordos y, lamentablemente, sacrificar algunas relaciones humanas. Mario y yo concordamos en que fue duro, pero con una recompensa que vale la pena actualmente. Cenamos, una copa de vino, un intercambio musical y a dormir. Al siguiente día sería testigo de un milagro.

Marcelo es un compatriota artesano que trabajó muchos años como marinero mercante, navegando de puerto en puerto y placer en placer, como buen hombre del mar. Un día en España, Marcelo decidió no zarpar con su barco y comenzó una vida artesanal en la región madrileña de Vallecas, adoptando los colores del Rayo Vallecano sumado a su –ya existente– fanatismo terco por Colo-Colo. Nuestros caminos se habían cruzado en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, hace aproximadamente tres meses en un hostal donde nos hospedábamos momentáneamente. Yo me encontraba en el sur de México para conocer la cultura chiapaneca y su café, por aquel entonces; Marcelo estaba ahí para morir.

Mi paisano había comprado un boleto de avión sin regreso hacia tierras mayas con el único propósito de recibir el “Fin de los Tiempos”, el pasado 21 de Diciembre, fecha que marcaba el fin del Calendario Maya. Marcelo, o el “Hombre de los Jugos” (como le decíamos el dueño del hostal y yo, por su deseo y capacidad de hacer jugos naturales a toda hora, siendo capaz de usar tomate, remolacha, jenjibre y hasta un zapato, si era necesario), no tenía planes para después del “Apocalipsis” ya que, según sus creencias, los aparatos electrónicos iban a colapsar, personas con mala vibra iban a morir misteriosamente y el resto, emprenderíamos un viaje a Babylon Babilonia, el nuevo mundo.

Sin importar que teníamos nuestros días contados, Marcelo y yo nos hicimos buenos amigos, compartimos divertidos momentos y terminó vendiéndome una Quena (flauta andina), mi fiel compañera de viaje actualmente. El milagro vino al siguiente día de haber llegado a Playa del Carmen, cuando nos contactamos para vernos y saludarnos. ¡Estaba vivo! No lo podía creer, jaja. Le obsequié mi camiseta de Colo-Colo como regalo de Navidad y acordamos volver a vernos en un par de días por Cancún, cosa que no sucedió. Hasta la fecha no lo he vuelto a ver, pero sé que sigue vivo, sintiéndose vivo, disfrutando y haciendo música en algún rincón de México.

Playa del Carmen es un oasis con contrastes socioeconómicos notorios. De niño, era testigo de como las familias chilenas que lograban realizar un viaje al paquete “Paraíso” (Cancún-Playa), entraban en un absurdo estatus social positivo. En otras palabras, si ibas al Caribe mexicano, entonces eras pudiente y cool. Con más de 10 avenidas de ancho por unas 50 calles de largo, Playa del Carmen es una cuadrícula de vías con una realidad peculiar, extraña, productiva y bipolar. La 5ta Avenida, uno de los paradores turísticos más importantes de la Riviera Maya, es una aglomeración lineal de espacios glamorosos, mentes superficiales y realidades irreales. Comercios capitalistas que fomentan el consumismo desmedido e innecesario de un bolsillo extranjero hambriento; un ecosistema que funciona a través de trabajadores nacionales con contratos temporales, mafias del bajo mundo, los siete pecados capitales, cuerpos semi-perfectos, el dólar, el euro y una exagerada explotación del concepto maya, que raya en lo absurdo.

Quien va a Playa del Carmen, va a hacerse de billete o a despilfarrarlo en su defecto. Escuchaba historias de como los ZETAS controlaban las redes de discotecas y terrenos para rentar locales comerciales en la 5ta Avenida. De meseros que llegaban a ganar 20,000 pesos (1,500 dlls) en una mesa producto de la propina generada en cuentas que abordaban los 200,000 pesos (15,000 dlls). De extranjeros que al ser requisados en la cadena del antro, les confiscaban el alcohol que llevasen con ellos más no las drogas, ya que si las consumían dentro del establecimiento, la estimulación corporal y energética crecía, así como el consumo de licores para seguir la fiesta. ¿Realidad o mito? Lo único seguro es que son historias enfrascadas en una sola avenida puesto que, a 100 metros en dirección perpendicular, las ‘tienditas’ (kioscos), supermercados y puestos de tacos vuelven a aparecer. Debe de existir esa vida normal de gente normal que hace posible esa burbuja de ilusiones.

Llegado el lunes, era hora de marchar. Esa realidad no era para mí, tampoco para mi bolsillo. Rompiendo una de las tres reglas de mi viaje (ir al sur), agarré mochila, maletín y libros, y partí a la Isla de Holbox, lugar que me enamoró y destrozó.

Desde la ciudad de los Tres Volcanes, me despido escribiendo, aprendiendo y estirando quetzales para invertirlos en viajar, que a la larga es lo único que compramos y nos vuelve más ricos.

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Fotografía: carE.

Prólogo del nómada

05.02.2013 – Antigua, Guatemala

En los tiempos ancestrales, Piratas y Mercenarios eran capaces de matar para encontrar un tesoro. Una vez obtenido, ningún tipo de sentimiento moralista –o conformista– se les pasaba por la cabeza, mucho menos por el corazón, para volver a matar, esta vez con la excusa de no compartir dicho tesoro. Admito que yo fui uno de estos individuos en la búsqueda de mi tesoro, aunque lo asesinado no fueron personas físicas sino que relaciones humanas. Pero tranquilos, a diferencia de los Piratas, yo no robo ni mato, ni mucho menos poseo una pata de palo, un parche en el ojo o algún animal exótico en mi hombro (aunque muchos de mis amigos me cataloguen de animal exótico). De que bebo, bebo, pero cada vez menos.

Bien, la analogía termina aquí. Mientras descubro mi tesoro, la decisión y obligación interna me ha hecho querer compartirlo con ustedes, a diferencia de los bandidos esos. Que locura, ¿no?

Finalmente cuando encuentras el premio mayor que –probablemente– te haga vivir con una sonrisa el resto de tus días, decides compartirlo con un puñado de personas desconocidas, anónimas e indiferentes a la causa. Pero no se ilusionen, este tesoro no es monetario, mucho menos económico. Es más, ni es material.

¿Por qué decido y me siento obligado a hacerlo?

Decisión porque todos esos arrebatos de libertad que el instinto ha generado en mi persona cuando reflexionaba sobre como era posible cambiar el clóset por la mochila y la casa por el camino, generaron conceptos que  han quedado bien cimentados dentro de mi esencia. No en la concepción de vivir con caballos, vivir en una isla aislada o vivir como un hippie que todo lo que necesita es amor, como dirían los Beatles. Eso es ridículo. Nadie quiere eso, al menos a largo plazo. Sí en un recuerdo constante producto de una simple frase tallada en un pedazo de madera por Alexander Supertramp: “La felicidad sólo es real cuando se comparte”.

Obligación porque hay historias que deben ser escuchadas, realidades que deben ser vividas y mentalidades que deberían ser cambiadas (lo último es opcional). ¿Qué tipo de historias? Sobra decir que esta iniciativa no nace dentro de mi cabeza para relatar (como prioridad) lo azul que es el agua en Holbox, ni lo alto que es el Templo IV en Tikal, ni la cantidad de extranjeros que frecuentamos lugares locales, modificados para nuestra comodidad sacrificando patrones culturales autóctonos. Será muy bonito, diferente y novedoso, pero al final del día, el turismo es una recompensa individual que poco importa a terceros. Hay historias eso sí, que pueden llegar a modificar estilos de vida, dependiendo en que ánimo las escuches y vivas. Historias como la de Doña María y Don Marco, un par de viejitos que a cambio de unos quetzales, me han dado hospedaje por un par de semanas y relatos que te hacen apreciar la vida de veras. O historias como la de David, un suizo que se enamoró de una isla cuando acababa de ser devastada por un huracán. En fin, decenas de historias proporcionales a los kilómetros recorridos en una tierra latinoamericana cuyo lenguaje podrá ser similar, más no el uso del mismo.

Mi objetivo con estos escritos no es ganarme un compañero de viaje fomentando principios liberales y radicales para que cambien su estilo de vida actual y se unan a la causa. Lo único que pretendo es que al final del día, cuando lleguen a sus casas, exhaustos de realizar actividades y convivir con personas en su entorno ya conocido, puedan conocer otra burbuja a kilómetros de distancia, a través de historias que los hagan apreciar su propia burbuja y aprovecharla de mejor forma al siguiente día. Si lo primero no funciona, entonces mi única misión es entretenerlos e informarles de como se vive en Latinoamérica.

De antemano, aclaro que esto es un experimento, inspirado en los relatos ‘kalamazooescos’ de mi amigo El Vago, que tanto me entretenían años atrás. Y por ser experimento, implícito está que nadie se debe sentir obligado a participar o darle seguimiento.

Desde la Ciudad de los Tres Volcanes, me despido escribiendo, aprendiendo y estirando quetzales para invertirlos en viajar, que a la larga es lo único que compramos y nos vuelve más ricos.

El Vagamundo 2.0

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La Poca Claridad del Cambio

“Lo que usualmente parece resistencia, normalmente es falta de claridad”.- Dan Heath

[Tiempo de Lectura: 3 minutos]

El cambio es la batería recargable de cualquier ser humano aunque es percibido de una manera bipolar por el mismo. Todos añoramos que alguna situación de nuestras vidas cambie radicalmente de un día para otro, soñando y emocionándonos con el sólo hecho de imaginarnos como sería el nuevo pasar cotidiano después de aquel cambio. Sin embargo, por más que digamos que tanto deseamos cambiar, cuando se presenta la oportunidad, corremos como pollitos en gallinero. En resumen, el cambio ficticio es idolatrado mientras que el cambio real y tangible crea pánico.

Dentro de los múltiples factores que influyen en el cambio, hay uno que tiene que ver directamente con nuestra parte pensante: la falta de claridad.

Para conseguir un cambio exitoso en la vida (ya sea desde dejar de fumar hasta cambiar tu estilo de vida radicalmente) habrá que dividir la situación actual en tres partes: el ser pensante, el ser emocional y el camino. El pensante analiza todo de pies a cabeza, planea a largo plazo y dirige el cambio en todo momento mientras la emoción no le gane. El ser emocional provee la fuerza necesaria para realizar el cambio (motivación) necesitando la dirección del ser pensante y el camino es el algoritmo personal y social que se requiere para llegar a la meta. En resumen nuevamente, el ser pensante fija un objetivo a largo plazo, el ser emocional motiva y el camino son los procesos y ambientes necesarios para lograr el cambio.

Si todo es tan claro hasta el momento, entonces… ¿por qué la mayoría de la gente no logra sus cambios con éxito? Por la resistencia al cambio que pone la gente.

  • No puedo hacerlo…
  • No es para mí…
  • Estoy arriesgando mucho…

La fijación de un objetivo a largo plazo debe (POR OBLIGACIÓN) ir estructurada por movimientos a corto plazo. De lo contrario, las soluciones planteadas a los problemas grandes (un cambio se origina ante el deseo de solucionar un gran problema personal o social) serán siempre soluciones grandes. Y estas soluciones grandes son las llamadas “soluciones CPI” (ciertas pero inútiles).

Ejemplos de Soluciones CPI:

  • “¿Cómo combatimos la desnutrición en África? Creando una dieta más saludable”.
  • “¿Cómo bajo de peso? Debo hacer ejercicio”.
  • “¿Cómo paso un examen? Debo estudiar más”.

sin idea falta de claridadClaro, son soluciones que resuelven el problema, pero… ¿cómo carajos se hacen? Por eso la persona fracasa en su intento de cambio, porque no tiene idea por donde empezar y que pasos seguir. Al no saber que hacer, el ser pensante se confunde sin saber en que dirección ir y, si esto sucede, el ser emocional no tiene quien lo dirija perdiendo toda motivación.

Para que el cambio tenga éxito, hay que estructurar una lista de movimientos críticos a corto plazo que sean realizables, entendibles y medibles. Hay que lograr un matrimonio entre el objetivo a largo plazo y estos mini-movimientos, y olvidarse en su totalidad del punto medio del proceso. ¿Por qué? Porque el punto medio entre el inicio y el objetivo logrado de un cambio siempre va a estar cambiando, sin importar cuan diferente te lo imagines. El minimalismo del éxito en el cambio radica en enfocarse en un final e inicio fuerte, y seguir moviéndose constantemente.

cambio de vida

Foto: [carE.]

Vivir para los demás es el Caos

Mucha gente no practica el minimalismo simplemente porque no entra en un enfoque realista en sus vidas. Pero más que nada, la razón principal es que no quieren que los otros piensen que son raros.

Usar la misma ropa cada día o semana puede resultar extraño para tus amigos o compañeros de trabajo. No tener auto puede hacerte ver como un bicho raro. No tener un Smartphone te puede impedir seguir siendo “cool”. Vivir en una casa pequeña puede hacer que todos los demás piensen que eres pobre o estás loco.

Pero… ¿para quién vivimos? Yo, la verdad, vivo para ayudar a los demás y a mi mismo a seguir nuestra intuición, monetizar nuestra pasión y conseguir nuestros sueños. Pero cuando vivimos nuestras vidas basadas en las expectativas de otras personas, terminamos viviendo vidas que no queremos. ¿Y qué obtenemos realmente viviendo a las expectativas de todas esas personas? A Ellos realmente no les importa. A Ellos simplemente no les gustan las cosas diferentes porque están incómodos con el cambio. Ser igual que los demás no hace que los demás sean felices ya que no se ven obligados a reflexionar sobre su vida.

estandar social

Y bueno… ¿de dónde vienen estas expectativas? Los demás no las inventan, sino que son costumbres construídas a lo largo de los años, a menudo conscientemente por instituciones que tratan de incorporarnos los hábitos de una compra cara y excesiva. Por ejemplo, tenemos tanta ropa, artefactos y otras posesiones simplemente porque la publicidad nos ha vendido la idea de que necesitamos ropa para vernos con estilo, para ser exitosos, para sentirnos como un verdadero hombre o mujer, para ser tan genial como la gente que vemos en la televisión. Nunca fue siempre de esta manera, y recae en nosotros la decisión de volver a cambiar el panorama a futuro.

Ojo, no estoy diciendo que deberíamos ir a vivir en la Sierra e ignorar a la sociedad (lo cual no sería una mala idea tampoco). Yo vivo en una sociedad, que aun así siendo sociedad, a nadie le importa que no tenga auto, que viva con lo justo y necesario, que no tenga teléfono caro y que no vista ropa elegante y de marca todo el tiempo. Puede que alguien me mire por sobre del hombro o suba su ceja cuando se enteran que no tengo televisión o que me gusta comer con las manos. Puede que tenga que explicar siempre el porque dejo de hablar o uso una bicicleta para todos lados, pero… NADIE se enoja conmigo y cada quien sigue con sus vidas. Al menos yo sigo con la mía, garantizado.

La manera en que los demás hacen las cosas no está funcionando. La gente no es feliz con una vida llena de posesiones. Manejar autos, comprar cosas que no necesitamos, criticar, pensar en dinero y tratar en menos a la gente todo el tiempo aumenta el estrés, nos vuelve menos saludables y contamina. Sólo porque la mayoría piense que es el camino correcto que debe de llevarse, no significa que es lo correcto. Vayan en contra de la corriente ya que los otros peces no saben a donde van tampoco.

ir en contra de la corriente

Cuando se trata de los demás, se útil, compasivo y agradecido. Pero no al nivel de las expectativas de los demás. De esta manera podrás ser libre de las costumbres sin sentido y así, vivir la vida a tu antojo.

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Comparte una Mesa. Comparte Experiencias.

México -y muchos países latinoamericanos- es reconocido mundialmente por poseer una idiosincrasia peculiar y alegre, además de una cultura orgullosa, amigable y abierta en muchos sentidos hacia el extranjero o visitante. Vivimos en una burbuja con sus ventajas y desventajas, pero cuando alguien externo a esta, llega a enseñarnos alguna picardía o receta de vida diferente a lo que estamos acostumbrados, nos surge un alegría y curiosidad interna difícil de explicar que nos impulsa a averiguar más sobre una cultura, ya sea a corto o largo plazo.

Aquella experiencia es la que muchos llaman “Una puerta al mundo”. ¿Por qué? Porque nos permite ver -en un instante corto- una prueba de la tremenda diversidad que existe en nuestro planeta y su ensalada de culturas. Entonces, aquí viene la pregunta del millón: Si poseemos un interés genuino a la hora de conocer una cultura diferente, ¿Por qué no hacerlo con la vida de una persona desconocida en nuestro andar cotidiano?

Suena difícil pero no lo es. Sólo necesitamos un buen entremés, algo para refrescar la garganta y ganas de conversar. Todo esto resumido en un sólo concepto, es conocido como “La Mesa compartida”.

mesa comunal compartir

¿Qué es la Mesa Compartida?

Convivencia y Compartir, eso es. Un grupo de comensales, sentados en una mesa común grande, donde la mayoría no se conocen entre ellos. Este concepto podrá resultar extraño para muchos, pero no es nada nuevo a nivel local e internacional. Ya sea por costumbre folclórica u obligación urbana, muchos países en el mundo aplican este concepto de manera consciente o inconsciente, recolectando resultados gratos o indiferentes.

¿Dónde podemos ver esta práctica? Aquí les van algunos ejemplos:

  1. Latinoamérica. De manera familiar, la mesa compartida es un concepto que funge como rasgo clave en la idiosincracia local. Una mesa familiar cada fin de semana donde se comparten los pormenores de las vidas de cada uno de los integrantes, recibiendo consejos, halagos o regaños. Es un lazo que la mayoría no deja pasar, ya que es un momento de felicidad genuina después de una difícil semana laboral.
  2. Asia. En las culturas de países como Japón o China, el compartir la mesa indica un acto de relación muy cercana y mucha confianza, por lo tanto, no es algo que suceda frecuentemente entre desconocidos a través de una invitación. Sin embargo, es frecuentemente empleado en el ámbito laboral o urbano debido a la necesidad de satisfacer la exigencia de una sobrepoblación alarmante. Los restaurants se han visto en la obligación de colocar mesas comunes para abastecer la demanda de todos los trabajadores que necesitan comer de paso entre su apretado tiempo libre de comida. La gente no tiene problema en compartir una mesa bajo estos lineamientos, pero el intercambio de palabras y experiencias, es prácticamente nulo.
  3. África. Por necesidad debido a la escasez de recursos naturales, o por el simple gusto de tener un lazo afectivo entre tus seres queridos como en el punto anterior, este concepto es uno de los pilares en la personalidad alegre y cariñosa del habitante africano. En muchas partes de África, se considera una falta de respeto el sentarse en compañía y no soltar palabra alguna para intercambiar una conversación.
  4. Europa. En países como Alemania y sus “Kneipen”, o en España y sus bares de Tapas, las mesas comunes abundan debido a la inyección de ambiente positivo que estas proveen. Si bien es conocido que estas culturas son un poco cerradas en su andar cotidiano, aquí demuestran totalmente lo contrario.

mesa comunal compartir comida

Bien… ¿Y en México?

Si bien cargamos un estandarte “amigable” ante el mundo, entre nosotros no mostramos la misma faceta comúnmente. Comer no sólo es una necesidad biológica para el ser humano, sino que también es una necesidad social y sicológica. Es por eso, que debemos de usar nuestra boca para algo más durante el proceso que sólo para comer. Sentarse con un extraño puede ser incómodo en cierto sentido una primera vez, pero en cuanto las palabras empiezan a fluir… hasta la comida toma otro sabor.

El compartir experiencias, grandes o pequeñas, inusuales o comunes, ajenas o propias, son nuestra inyección de cada día para:

  1. Incrementar nuestra curiosidad.
  2. Ampliar nuestra mente mediante el conocimiento de situaciones ajenas a nosotros.
  3. Ser más social en todo aspecto.
  4. Tener un momento de relajación.
  5. Llenarte de información, además de comida.

Si tienes la oportunidad de compartir una mesa ajena, u organizar una mesa compartida por tu cuenta, no te vas a arrepentir. Podrás comenzar a construir poco a poco tu propia “Puerta al mundo”. A ese mundo real que te rodea día a día y que posee maravillas que a veces nuestros ojos no pueden ver.

Essen und Worte für die Seele. Guten Appetit.

mesa comunal compartir comida

Habla menos. Piensa más.

“La Vida comienza al final de tu zona de comfort.”Neale Donald Walsch

Observar, escuchar, reflexionar y comentar te abre muchas puertas. Opinar, lamentar, escuchar y corregir te cierra muchas. La comunicación es una herramienta vital para el ser humano que, como muchas otras, terminamos dándole un uso excesivo que nos genera el riesgo de vivir ingratos momentos. En la búsqueda de eliminar un mal hábito y crear uno bueno, 30 días atrás me embarqué en un viaje cotidiano acompañado de la carencia de uno de nuestros 5 sentidos: No hablar.

El “No Hablar” crea un aura positiva y negativa alrededor de la gente que te rodea. ¿Por qué? Porque el nivel de tolerancia y paciencia en las personas es muy diferente y subjetivo. Hay personas que simplemente no tienen la paciencia de comunicarse de una manera distinta a la normal y prefieren evitar el contacto con la persona que posee la dificultad de expresión. Sin embargo, hay otras personas que, curiosas y pacientes, indagan más allá de lo que una persona normal haría y se vuelven parte de esta carencia, que poniendo las manos al fuego, me atrevo a decir que más que una carencia, es un privilegio.

no hablar

"Carta de presentación ante los demás"

¿Privilegio?

Les soy completamente honesto al decirles que hubo varios momentos en que sufrí una desesperación notoria al no poder expresarme como yo quería, pero el objetivo a largo plazo y la paciencia, me ayudaron a seguir adelante. Hacer gestos para cada situación que quieres aclarar, llevar una pequeña libreta y un lápiz contigo a todos lados para escribir lo inexpresable físicamente y no expresarte en los momentos críticos, hicieron de este reto una de las experiencias más difíciles que he vivido.

A pesar de eso, la recompensa valió la pena. El “No Hablar” marcó significativamente tres aspectos en mi personalidad:

1. Adiós al Yo-Yo

Es difícil darse cuenta si uno no se calla, pero la mayoría de las personas habla en primera persona casi todo el tiempo. Esta postura no es mala, pero nuevamente como muchas otras cosas, abusamos de ella. “Yo hice…., Yo fui…, Yo jugué…, Yo viajé a…, ¿Ah si? Pues yo también…, No se, pero Yo no lo he hecho…”. Independientemente de que sea una postura egoísta o no, pienso y creo que el hablar de una situación externa a ti o sobre otra persona, es más interesante y divertido. Es una semejanza a leer. Si hablamos sólo de nosotros es como no leer, mientras que si hablamos de otras cosas, nuestra mente se expande, nuestro criterio se neutraliza y nuestra terquedad desaparece.

2. Escuchar, no Oir.

Mientras mantienes una conversación con otra persona, ¿Cuántos de Ustedes realmente ponen atención a lo que la otra persona está diciendo? ¿Cuántos de Ustedes no están pensando en que van a decir mientras la otra persona habla? Va de la mano con el punto anterior. Si no hablas, no piensas en que vas a decir y… Escuchas. Escuchemos para responder con una secuencia ajena, no con algo nuestro.

3. Hablar lo justo es barato. Hablar demás es muy caro.

Opinamos donde no debemos opinar. Criticamos a quienes no debemos criticar. Nos comprometemos en algo que no vamos a hacer. Y la lista sigue. Es asombroso la cantidad de problemas en que nuestra boca nos puede llegar a meter. Si nos callamos, funcionamos como un francotirador con balas contadas. Eres capaz de observar todo de una manera pasiva y sigilosa; y te das cuenta que disparar palabras sin pensar antes, sólo te llevará al desperdicio y al error. Hablar con la voz en alto es la principal razón de muchos conflictos en nuestra sociedad actual.

no hablar

Dos libretas de 30 páginas completas con apuntes de una vida día a día

30 días es un parámetro extremo. Pero la creación de un hábito está basada en pasos pequeños. Hazlo un día a la semana o 15 minutos cada día, y verás cuanto cambia tu perspectiva del entorno en 30 días. Ten la capacidad de escapar de todo aquello que no te hace falta y tu vida será mucho más sencilla y feliz.

Un agradecimiento especial a aquellos que fueron parte de esta experiencia y, sobre todo, a aquellos que se adaptaron de una u otra manera.

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Eliminar un mal Hábito

“No necesitas correr un maratón para cambiar un hábito, sólo necesitas dar un paso. Y tengo entendido que puedes dar un paso.”
Leo Babauta

El origen exacto de un mal hábito es difícil de reconocerlo ya que nace en un arranque de nuestro yo interno que se deja llevar por las emociones y el placer, y no por el juicio cuerdo. Lo que si podemos inferir de manera segura es que nosotros, como seres humanos pensantes, no sabemos lidiar con el aburrimiento de una manera sana, derivándose posiblemente a través de la vivencia de estos momentos, en el nacimiento de un mal hábito dentro de nosotros para calmar dicha ansiedad.

El hábito en si, es el comportamiento repetido de una persona regularmente. Los buenos hábitos son catalogados por nuestra sociedad como “Virtudes” y los malos hábitos como “Vicios”.

Normalmente, los buenos hábitos nos gusta sacarlos a relucir ante los demás, ya que nos provocan elogios constantemente y nos elevan el autoestima y la confianza en uno mismo. Los malos hábitos son la antítesis, en toda su extensión, de los buenos hábitos. Los escondemos de cada persona que nos rodea e incluso, de aquellos que rodean a los que nos rodean. Tanto nos avergüenzan, que a veces hasta los escondemos de nosotros mismos, siendo este el peor error, ya que ni siquiera podemos detectar la presencia de estos dentro de nosotros y los llegamos a ver como algo normal. Los escondemos porque, cuando estos son revelados, nos provocan críticas, juicios y vergüenzas ante el resto de la gente. Y al vivir en una sociedad, donde el  “que dirán”  influye tanto en nuestro juicio sano, es el comienzo del final de nuestra reputación dependiente de un tercero.

Rumores Criticas

Entonces… ¿Cómo eliminamos un mal hábito?

Cabe decir, que probablemente  “Eliminar” no sea la palabra exacta para cambiar un mal hábito. ¿Por qué? Porque hay malos hábitos que en cierto modo nos generan felicidad… y la felicidad, al igual que la materia, no se crea ni se destruye, sólo se modifica. Por ejemplo: A mi me encanta comer en cantidades grandes. Y comer todo tipo de cosas, porquerías y alimentos sanos. El comer, me genera una felicidad enorme, y el eliminar este mal hábito  probablemente derive en días, semanas o meses de mal humor, irritación y malestar personal. Sin embargo, puedo encontrar la manera de contrarrestar este mal hábito con uno bueno. Si un día me como medio Pie de Pera o 15 Tacos al Pastor, automáticamente se que tengo que añadir un sesión extra de fútbol o bicicleta en la semana para contrarrestar ese alimento extra. En caso contrario, cuando llego a hacer ejercicio más de la cuenta en una semana, me siento bien porque en algún momento voy a comerme una hamburguesa libre de culpa y remordimiento.

Dicho esto, me adentro a compartirles una pequeña y sencilla guía que les ayudará a cambiar cualquier hábito que no les gusté de ustedes o les genere algún problema de salud, sicológico o social.

1. Conoce tu Hábito

Tal vez esto suene estúpido, pero créanme que es un paso que para mucha gente, es el más difícil. Simplemente siéntate y reflexiona de las acciones que haces constantemente en tu accionar diario.

  • ¿Qué es lo que no te gusta de ti?
  • ¿Qué es lo que te genera problemas normalmente con los demás?
  • ¿Qué acciones de ti mismo te hacen sentir mal, decepcionado o frustrado?
  • ¿Qué cosas te causan remordimiento cuando las haces?

Las respuestas a estas preguntas, probablemente sean tus malos hábitos. Defínelos y anótalos en una lista para que no se te olviden. Cuando estás consciente de un mal hábito, entonces puedes cambiarlo.

2. Estudia tu Hábito

Ya sabes el nombre del intruso, ahora necesitas conocer sus datos personales. ¿Qué es lo que detona el hábito? Reconoce el gatillo que activa el mal hábito. Si el mal hábito es siempre hablar de ti mismo, ¿Qué momento (en una conversación) inicia el ansia en tu interior para hacerle saber a la otra persona todos tus logros, tus experiencias, tus cualidades, tus actividades, etc.? Si el mal hábito es procrastinar a la hora de trabajar, ¿Qué hace que no te sientas entusiasmado para comenzar un proyecto o una tarea? Si el mal hábito es comprar cosas que no te sirven para nada, ¿Cuál es el sentimiento o motivo que te genera una ansiedad de comprar cosas inservibles? Anótalos nuevamente para que no se te olviden.

malos habitos

 3. Confronta tu Hábito

Ya sabes cuál es tu mal hábito y qué es lo que lo detona. Ahora tu tienes la sartén por el mango y sabes perfectamente que puedes enfrentarlo (y derrotarlo). Este paso es simplemente darte cuenta que tu voluntad y tu mente, tienen el poder de derrotar cualquier mal hábito si este se conoce.

4. Un paso pequeño

La mayor razón de que la gente se sumerja en sus malos hábitos y se resigne a vivir con ellos sin una oportunidad clara de un cambio, es la percepción errónea que tienen sobre la duración requerida para el cambio. Un mal hábito se genera después de meses o años de repetir aquella acción, por lo tanto la mayoría de la gente piensa que el revertirlo, tomará la misma cantidad de tiempo o inclusive mas. La otra razón es que piensan que el esfuerzo y la disciplina debe de ser estricta y dura. Y cuando el esfuerzo es gigante y no se está acostumbrado, la gente no lo disfruta y termina por rechazarlo. En lugar de ser estricto y duro, sólo debe de ser constante. Y cuando la palabra “constante” entra en juego, no importa la cantidad de tiempo o esfuerzo. Comprométete a un pequeño paso al inicio.

  • ¿Quieres comenzar a ejercitarte? Sal a correr 10 minutos. No más de 10 minutos. Correr 10 minutos hará que te sientas bien contigo mismo, no terminarás fatigado y disfrutarás el entorno al correr.
  • ¿Quieres escuchar más a los demás? Escoge a una persona de las que veas normalmente y no le hables, sólo escucha. Pero sólo con esa persona. Sólo escucha lo que ella tenga que decirte y no hables. Otro experimento es no hablar 1 día a la semana o 15 minutos cada día. Escoge algo pequeño que no te genere incomodidad, que lo disfrutes y que lo puedas hacer constantemente.

5. Cambia tu mal hábito por uno bueno

Haz un pequeño cambio en los malos hábitos que generas. Por ejemplo: Si te comes las uñas constantemente, comprométete a comerte una fruta cada vez que te comas las uñas. Si prefieres ver TV en vez de leer o hacer ejercicio, realiza 15 abdominales cada vez que haya una pausa comercial.

comerte las uñas mal habito

6. Pausa

Ahora viene lo bueno y difícil. Ya sabes cuál es tu mal hábito, qué es lo que lo detona y cómo lo vas a combatir. Cuando llegue el momento en que se presente el mal hábito y te des cuenta, no entres en pánico ni te apresures a cambiarlo rápidamente. Haz una pausa. Respira. Analiza la urgencia y el ansia que posees en ese momento por realizar ese mal hábito. Escapa, no lo necesitas. Ahora realiza el buen hábito que te propusiste realizar cada vez que el mal hábito se presentara. Debes de ser muy constante y decidido en este paso. SIEMPRE debes de hacer este reemplazo.

7. Repite y Practica

Ahora ya lo conseguiste por primera vez. Conseguiste lo más difícil de realizar: Empezar. Ahora que ya te diste cuenta que puedes lograrlo, debes de ser constante y no detenerte. Recuerda hacerlo poco a poco, es la clave. De esta manera lo disfrutarás, y las cosas que se disfrutan, difícilmente se dejan de hacer.

Estos 7 pasos te permitirán cambiar cualquier hábito que te haga sentir incómodo. Para realizar estos 7 pasos sin problema alguno debes de tener en cuenta las siguientes 4 consideraciones:

i. Cambia UN mal hábito a la vez. Tal vez tengas muchos malos hábitos, pero el intentar cambiarlos todos a la vez, sólo te frustrará y te consumirá mucha más energía de la que puedes aportar. Si comienzas de manera pequeña y sencilla, tu motivación irá creciendo.

ii. No te enfoques en resultados, sólo disfruta el presente. Los resultados llegarán con la constancia, pero a su debido tiempo. Si estás todo el tiempo pendiente de los resultados y además, quieres que estos lleguen pronto, de nada servirá el esfuerzo que estás realizando. Se paciente y disfruta cada pequeño paso que das hacia adelante.

iii. Usa las Redes Sociales. Hazle saber a todos de tus cambios y tus nuevos retos. Si lo anuncias en tus redes sociales, de esta manera no sólo quedarás comprometido contigo mismo, sino que con los demás. Ya todos saben lo que estás haciendo, y aunque demuestren que no les interesa, al final están esperando un resultado de ti.

iv. Agradece cada paso que das. Cada progreso que lográs, por muy pequeño que sea, es un resultado positivo y una experiencia agradable. Agradécete a ti mismo y a los que fueron parte del logro, por haber conseguido tal avance.

mal habito buen habito

[Imagen por mi gran amigo y genio: carE.]

Nunca es tarde para cambiar algo de ti mismo. La recompensa es infinitamente superior y vale la pena completamente. Lo que salva a una persona es dar un paso… y luego otro.

Un Día en Bicicleta

La Bicicleta es un bicho raro en nuestra cultura. Al menos en la sociedad urbana en la que vivimos día a día. ¿Por qué? Porque al llevar años en un estado sedentario, cómodo, inactivo, perezoso, lujoso y consumidor, el generar tu propia energía para movilizarte se vuelve un acto imposible de ejecutarse y el automóvil pasa a ser una necesidad primaria en nuestros estilos de vida.

Entonces… ¿Por qué Bichos raros? Porque a la gente no le gustan los bichos raros y sin saber que raza son, van y los aplastan sin motivo alguno. Hasta hace algún tiempo, el usar una bicicleta en México era sinónimo de pobreza debido a que era el transporte normal de la clase baja u obrera en este país. En el presente, se les ha llegado a tildar de “Plagas” o “Langostas” como diría el virtuoso, sabio, tolerante, culto, de casta divina y dueño de la verdad: Don Ángel Verdugo.

El señor Verdugo fue Trending Topic nacional con su atinado paréntesis en la radio donde incitaba a “Lanzarles el vehículo” a esta nueva plaga (Ciclistas) que, según sus deducciones bastante estudiadas y comprobadas, se creían Franceses (haciendo énfasis como si ser francés fuera un privilegio) para recalcarles que sólo eran Mexicanos (como si fuera un castigo de lucifer ser Mexicano) y que debían de adaptarse a lo que el llama nuestra “Selva de Concreto”. Bien, gracias a este payaso, fue que los Bichos Raros salieron de su escondite y resultó ser que no eran tan pocos como muchos creían.

Afortunadamente nuestra sociedad se está dando cuenta que el usar la Bicicleta no es un sacrilegio y que en realidad deja beneficios interesantes a nivel personal, social y ambiental. Hasta el momento se ha visto reflejado en la creación de asociaciones civiles que fomentan este concepto, las ayudas gubernamentales y privadas a estas mismas entidades, la creación de nuevas ciclopistas en distintas ciudades de la república y hasta en estudios científicos que demuestran que la persona que anda en bicicleta es más “inteligente” que la que no usa este medio de transporte (por Pablo León). Aun así, nos queda cambiar el factor más importante de todos: La mentalidad y tolerancia del ciudadano común y corriente como nosotros.

andar en bicicleta

Para mi, adaptar mi vida en torno a la Bicicleta al 100%, ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Me ayuda físicamente a hacer ejercicio indirectamente y con un esfuerzo mínimo, como también una distracción mental y sensorial que recarga mi energía para rendir de una manera más eficiente en el día. Aunque no lo crean, también me ahorra una cantidad enorme de:

a) Tiempo. Por supuesto que los viajes duran más en una bicicleta, pero al haber diseñado mi estilo de vida en torno a ella, mis tramos son bastante accesibles y no tengo que preocuparme de estacionarme en lugares imposibles (como el centro histórico) ni del tráfico en horas pico o lugares sumamente transitados.

b) Estrés. Cuando solía tener un auto, todo lo que hacía tenía una prisa… y por ende generaba un estrés innecesario. El estrés de encontrar un lugar para estacionar en lugares difíciles se derivaba en 2 resoluciones: O terminaba fastidiado el resto de la salida hasta que encontrara estacionamiento, o simplemente optaba por no ir más a ese lugar. Por eso hasta que tuve una bicicleta, descubrí las maravillas que ofrece el Centro Histórico. Ni se diga cuando me tocaba una cola de 30 o 45 minutos de tráfico en una pequeña ciudad donde la palabra “Tráfico” no existía hace 5 o 6 años.

c) Dinero. Todo ese dinero gastado en gasolina, pasajes de camión, servicios, arreglo de desperfectos, pago de estacionamiento, lavado, verificación, taxis, cuidadores y multas… desaparecieron. Tengo una buena cantidad de dinero disponible para gastarlo en cosas que no podía hacer antes como comer en un buen restaurant, invertir en algún proyecto, viajar, regalarte un día de fiesta buena, etc.

Crear un hábito es difícil. Es difícil porque la mayoría de las personas lo ve como un gran cambio a corto plazo, lo cual termina siendo imposible para todos. Para crear un hábito, ya sea usar más la bicicleta o cualquier otro, es necesario verlo como una escalera. Un escalón pequeño te llevará al siguiente… y al siguiente… y al siguiente… hasta que termines de subir la escalera. Entonces, comienza con cambios pequeños de minutos o días. Poco a poco.

Mi día en Bicicleta, normalmente va de esta manera. Me voy de mi casa, atando en el portabultos mi maleta del fútbol si es que tengo partido en la noche.

Un día en bicicletaAfortunadamente, no siempre voy solo en mi viaje. A veces, estas pequeñas hermosuras suelen pedirme aventón.

andar en bicicletaLuego viene la mejor manera de despertar. Afortunadamente, tengo a la vuelta del inicio de mi viaje, una bajada bastante inclinada y larga. La adrenalina sube rápido y el aire en la cara junto a la velocidad, me despiertan en un instante.

andar en bicicletaLuego viene el momento de admirar la belleza. Tengo la suerte de transitar por los Arcos diariamente para ir a mi trabajo y sin duda alguna, es una postal que vale la pena cada mañana.

andar en bicicletaA la hora de equipar su bicicleta, deben de pensar muy bien en los usos de los accesorios extras. En mi caso, el espejo fue una pérdida de dinero.

andar en bicicletaPor supuesto que no todo es agradable y cómodo. Las subidas son el peor enemigo de un ciclista. Son un buen ejercicio, pero no cuando vas de camisa al trabajo, y mucho menos con un sol asesino.

andar en bicicletaAl final llego a mi primer destino del día y estaciono a mi pequeña junto a las demás de mis compañeros de trabajo.

andar en bicicletaSaliendo del trabajo, me voy a jugar fútbol y aprovecho de usar la nueva ciclopista (muy mal diseñada) de Querétaro. Aparte de estar muy mal planeada en cuanto a posición, la gente externa aun no se acostumbra totalmente y ocurren situaciones como estas, donde me tengo que detener y amablemente decirles: “Quítense Por Favor”.

andar en bicicletaO como estas. Donde no hay forma de decirle al conductor “Hey querido compañero ciudadano, ¿podría retroceder unos cuantos metros para así yo seguir con mi camino?”.

andar en bicicletaPero al final, sin algún percance notorio, llego al destino. Cambio el pedalear por patear un balón, donde parece un cambio justo y divertido.

andar en bicicleta

Para crear un hábito debemos ir poco a poco. Esa es la primera clave. La segunda es simplemente tener las ganas de hacerlo. La tercera es disfrutar cada experiencia en aquellos cambios. Recuerden que no necesitamos ser europeos para usar una bicicleta en nuestra rutina diaria, sólo necesitamos las ganas de sentir el viento en la cara, ser más saludables y ayudar de paso un poco al medio ambiente. Pedalear un poco al principio puede doler. El no hacerlo, a la larga, le causará dolor a nuestro planeta.

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